Un nuevo modelo de gestión pública

24/1/10

El concepto de Open Government apela a un modelo de administración en la que lo relacional cobra principal protagonismo. Una administración "open" se abre a la ciudadanía, pero también a las demás administraciones, y a otras organizaciones colaboradoras. Lo "open" tiene mucho que ver con la red. Una administración "open" es una administración en red.

Definición

Una de las primeras definiciones de Open Government que se han formulado corresponde a Javier Llinares, que la define así en su blog:

Open Government (oGov) es la forma de relacionarse entre la Administración Pública y los ciudadanos, que se caracteriza por el establecimiento de canales de comunicación y contacto directo entre ellos.

Una oGov es aquella que entabla una constante conversación con los ciudadanos con el fin de oír lo que ellos dicen y solicitan, que toma decisiones basadas en sus necesidades y preferencias, que facilita la colaboración de los ciudadanos y funcionarios en el desarrollo de los servicios que presta y que comunica todo lo que decide y hace de forma abierta y transparente.

¿Cómo conseguir que una Administración Pública pase a ser una oGov?

Son necesarios una serie de cambios en diversos ámbitos:

Cultural: Es imprescindible entender cual es el objetivo de la Administración y de todos los que trabajan en ella. El verdadero objetivo de la Administración es servir a los ciudadanos y el ciudadano debe estar en el centro de la gestión. Conseguir esto en la Administración Pública significa una revolución cultural en la forma de hacer las cosas y en las actitudes de los trabajadores de lo público.

Procesos: Los procesos en la Administración Pública no han sido diseñados para servir a los ciudadanos y por lo tanto deben reingeniarse todos los procesos para conseguir que así sea. Si los procedimientos no son cómodos para el ciudadano o no le ayudan en nada, hay que eliminarlos o cambiarlos.

Organización: Las organizaciones públicas están diseñadas bajo modelos jerárquicos que nada tienen que ver con la eficiencia. Es imprescindible reorganizar las administraciones, las plantillas y la definición de los puestos de trabajo para poder actuar bajo un modelo en red, orientado a proyectos y a la consecución de resultados.

Formas de relación: Del mostrador a la mesa redonda, del correo certificado a la comunicación on-line, de la obligación a la presencia física a las facilidades de relación, etcétera.

El oGov frente a la administración electrónica

Al paso alegre de las fases de Gartner (presencia, interacción, transacción y transformación), la administración electrónica estaba llamada a ser el revulsivo de la nueva modernización (si el concepto es admisible). Los esfuerzos realizados no han sido pequeños, ni el coste (en pesetas y en euros) despreciable. Lo cierto es que se ha constatado que la tecnología tiene potencia transformadora, pero ésta queda muy limitada si no va acompañada de otras medidas de índole político, normativo y organizativo. Y en ello estamos.

Es verdad que se está acercando la administración a la ciudadanía. Los portales de las administraciones suministran una cantidad ingente de información, son numerosos los formularios que pueden descargarse de Internet e, incluso, cada vez hay más procedimientos que pueden tramitarse telemáticamente. Aunque sigamos haciendo básicamente lo mismo que antes, no hay que minusvalorar el hecho de poder hacerlo desde casa. Es un primer paso muy importante. Pero que reclama, a renglón seguido, ir más allá aprovechando las oportunidades que nos brinda la tecnología para transformar realmente la administración. Y esto va a ser más difícil.

En definitiva, la administración electrónica aumenta la transparencia de la administración, facilita las gestiones administrativas de la ciudadanía y le otorga un mayor control sobre sus expedientes, pero no resuelve la asignatura pendiente de la participación, ni garantiza el funcionamiento en red de todos los agentes involucrados en “lo público”, aunque comienza a utilizar herramientas y tecnologías que pueden facilitar la transición hacia modelos más avanzados.

La administración electrónica, en la práctica, limita su alcance a la introducción de tecnología para hacer lo mismo que veníamos haciendo (como Los Supersónicos de la teleserie), pero de una forma más cómoda, evitando desplazamientos y, eso sí, facilita información que puede aumentar la transparencia y el control de los asuntos públicos por parte de la ciudadanía. Pero no aborda de una manera decidida la transformación real de las relaciones entre las administraciones, la ciudadanía, las empresas, las organizaciones sin fines de lucro y los agentes sociales en general.

La administración electrónica tampoco ha modificado sustancialmente la cultura de la propiedad privada del conocimiento y del software, aunque aporta los medios que pueden facilitar el cambio cultural. Pero éste difícilmente se producirá por el solo determinismo tecnológico, sino que necesitará de una estrategia que lo promueva conscientemente. La cultura de compartir y de colaborar es un rasgo básico del oGov.

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